viernes, 16 de febrero de 2018

Somos como flores








Hace un par de días platicaba con mi amiga Isabella acerca del crecimiento y la madurez en la vida del creyente. Somos como flores amiga -le dije-, no todos crecemos al mismo ritmo ni absorbemos de la misma manera los nutrientes que nos harán crecer y florecer.


Y es que pasa a menudo que nos comparamos unas con otras.

Continuamente leo y escucho conversaciones acerca de quién ha leído más veces la Biblia, cuántas han hecho el estudio de tal y tal ministerio, cuántas llevan una carpeta devocional, quien ya es una experta en lettering, quién ha leído todos los libros de tal autor o quién es capaz de leer más de un libro al mes.


Si, también fui parte de esa revolución que Instagram y Pinterest nos hicieron el favor de llenarnos la cabeza y, por supuesto, el corazón también. Nos muestran una vida devocional perfecta, una Biblia con anotaciones perfectas, un cuaderno y carpeta devocional en perfecto orden. No que esto sea malo per se, pero cuando eso es lo único en lo que pensamos y lo único que nos importa, es necesario frenar, y cuanto antes mejor.


Somos como flores.

Hay gran variedad de flores, todas son diferentes aunque tienen el mismo fin: embellecer los campos, mostrar la belleza de su creador, producir semillas para las plantas de la próxima generación, así las especies se perpetuarán y propagarán. Cada una de ellas tiene un tiempo específico para germinar, para crecer, para reproducirse y morir.
Nuestra vida cristiana es más o menos similar.

Tenemos un tiempo para todo y si lo olvidamos, podemos caer en el error de querer hacer germinar una semilla para que nazca, o de darle abono en exceso para que por fin florezca y dé su propio fruto. Todo eso es dañino. No hay como dejar que cada una nazca, crezca y se desarrolle de acuerdo con el plan de Dios.


Nos pasa también y quizás muy a menudo el querer que nuestros hijos maduren más rápido. Son bebés y queremos que caminen, caminan y queremos que lo hagan a nuestro paso, corren y queremos que también hagan sus tareas por sí mismos; son niños y esperamos que se comporten como adolescentes, están en la adolescencia y les pedimos que sean maduros y actúen como un joven de más edad. Son adultos y queremos que sepan las cosas que nosotros ya sabemos con algunas décadas más que ellos…


¿Por qué? ¿Por qué esa necesidad de querer que todo madure pronto? ¿Por qué no disfrutar el paso a paso de cada uno? ¿Por qué no congratularnos con aquellos que son nuevitos en la fe y que recién comienzan su caminar con Dios? ¿Por qué querer que sepan todo lo que quizás ni nosotras sepamos a la perfección? Con esto no quiero decir que no nos interesemos en que estudien la Palabra de Dios, no. Sino que cada uno tiene un tiempo, un momento para madurar y eso le corresponde al dulce Espíritu Santo. Nosotras oremos por ellos (y por nosotras también) como Pablo lo hizo por nuestros hermanos en Éfeso:


“Por esta razón también yo, habiendo oído de la fe en el Señor Jesús que hay entre vosotros, y de vuestro amor por todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo mención de vosotros en mis oraciones; pidiendo que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de Él. Mi oración es que los ojos de vuestro corazón sean iluminados, para que sepáis cuál es la esperanza de su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la eficacia de la fuerza de su poder, el cual obró en Cristo cuando le resucitó de entre los muertos y le sentó a su diestra en los lugares celestiales, muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio y de todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo sino también en el venidero.

Efesios 1:15-21



Somos como flores.

No sé en que fase estás ahora, puede ser que seas una recién nacida en la fe, que estés madurando, o bien, que ya seas un adulto. Dios se complace en cada una de nosotras, en el amor que le tengamos, en como es que vivimos de acuerdo con su voluntad y para Su Gloria. No te afanes en querer crecer a la par de alguien más, solo para estar en onda o en sintonía con instagram y pinterest. Sino que, busca crecer en el conocimiento de Dios para poder vivir la vida de acuerdo con su diseño, para agradarle a Él, para glorificarle a Él. Entonces seamos intencionales en conocer a Dios, aplicar y vivir su Palabra es lo que nos debe motivar a estudiarla más y más.


No te afanes.

No te compares.

Disfruta el tiempo con Dios.




En Su Gracia

K A R L A



  





miércoles, 14 de febrero de 2018

Me gustan los funerales









Siempre ha llamado mi atención los funerales.
La primera vez que acudí a uno fue a la edad de 5 años, pasaron décadas para que volviera a uno y de ahí fueron cada vez más frecuentes.


Me gustan los funerales.

Uno se puede dar cuenta del amor que se le tiene a la persona que ha bajado al sepulcro.
También te puedes dar cuenta de que la vida es tan solo una neblina, pasajera, breve, un instante en el tiempo. (Stg. 4:14)

Puedes darte cuenta de que el dolor muchas veces es ahogado, escondido y reprimido quizás por pena, por temor, o… por orgullo.

Te das cuenta de que los enojos nunca valieron la pena y que ahora ya nadie escuchará un “lo siento” ni un “te perdono”. Es mejor buscar la paz con todos antes de que sea demasiado tarde.


Me gustan los funerales.

Las familias se reúnen para dar el último adiós a quien ahora estará ausente en las navidades, hay muestras de cariño, de amor, hay reconciliaciones.
La gran mayoría llora de dolor y siempre hay quienes se unen a ese llanto tan solo por amor, por unidad, por fraternidad.

En ocasiones he visto más risas que lágrimas, y quiero pensar que como dijo mi querida tía política Malú: “Hemos experimentado tanto la muerte de cerca que, cada vez duele menos”. Y quizás sea que por fin hemos aprendido que la vida es corta, que esta no es nuestra morada final; hemos entendido que todos tarde o temprano terminaremos la carrera y bajaremos a ese sepulcro.  (2 Tim 4:7-8)

¡Pero qué maravillosa es la vida que Dios nos ha permitido vivir! Tuvimos la gran oportunidad de nacer, de respirar, de gustar de los alimentos, se nos dio la oportunidad de amar y de ser amados. Una vida que ha valido la pena vivir porque no hemos pasado desapercibidos. Y no me refiero al hecho de ser recordado a través de los años por las proezas que hayamos hecho sino, porque hubo un hombre que en toda su divinidad dejó todo su reino para vivir en medio de aquellos por los que moriría. Un hombre que sabía que sus pasos en esta tierra servirían para cambiar la historia de aquellos que no le amaban, de aquellos que no merecían perdón, de aquellos que vivían la vida sin importarles la eternidad.

No hemos pasado desapercibidos porque Él nos amó desde el principio, Él pensó en nosotros aún cuando ni siquiera habíamos nacido, cuando no habíamos creído en Él (Ef. 1:3-4). No hemos pasado desapercibidos en su mente y en su corazón porque seamos buenos o porque hayamos hecho demasiado para merecerlo, no. No hemos pasado desapercibidos porque Él es bueno, porque Él ha hecho demasiado sin que lo merezcamos.


Me gustan los funerales.

He enterrado a mis padres y a familia política con dolor en mi corazón de carne, pero con alegría indescriptible en mi alma y en mi espíritu porque he entendido que ese no es el fin. Algún día nos veremos nuevamente, esa es la esperanza que tenemos los que creemos en aquél que venció la muerte. Algún día tú y yo seremos el motivo de que se reúnan en un funeral, no temas, no imagino la dicha que ha de ser cerrar los ojos y abrirlos en la presencia de nuestro amado Jesucristo.

Vivamos esta vida de manera tal que le glorifique, una vida que refleje ese anhelo por Él, una vida de gratitud y alegría por la morada final que tendremos a su lado eternamente…


En verdad me gustan los funerales...

La más clara muestra de amor se vivió en un funeral. Y Él, a la muerte venció.


“No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros. Y conocéis el camino adónde voy.”

Juan 14:1-4 LBLA


En Su Gracia

K A R L A




Ser Mujer… No todas conocemos el rol que nos ha sido dado por Dios. Conoce más de cerca el papel de la mujer en la creación, propósito y lugar. ¡Ser mujer, es maravilloso!
Si te perdiste el programa de radio “En Su Gracia” donde hablamos acerca de Ser Mujer, te dejo el enlace directo para que puedas verlo y/o escucharlo en la plataforma de tu preferencia. 

Sólo da clic aquí  y para que puedas ver todos los videos anteriores, da clic aquí.









lunes, 12 de febrero de 2018

Matrimonio con diseño divino









Hay una realidad y es que los matrimonios están en crisis, tristemente aún dentro de nuestras iglesias. Muchos de ellos están a la deriva porque no hemos entendido el diseño de Dios para el matrimonio.


¿Para qué nos casamos?

Quizás te hayas preguntado más de una vez el por qué o para qué nos casamos. ¿Hay algún fin específico por el cual Dios permite el matrimonio? Podemos erróneamente pensar que nos casamos para no estar solas en la vejez, nos casamos para ser felices, para salirnos de la casa de nuestros padres, para tener hijos, pero ese no es el plan original para el matrimonio.
En nuestra sociedad moderna, en la cultura de hoy el matrimonio ya no es tan necesario por así decirlo, las parejas de hoy en día prefieren vivir en unión libre por si acaso no funciona puedan separarse sin impedimentos legales.


El matrimonio ha perdido el valor que debiera tener.


¿Por qué nos casamos? ¿Por qué Dios instituye el matrimonio en Adán y Eva? El matrimonio fue creado por Dios, es una unión vinculante, es un pacto sagrado para toda la vida entre un hombre y una mujer. Si tenemos claro eso, nuestro matrimonio cobrará el sentido que tiene y no el que la cultura dicta.


Es importante recordar que el matrimonio no se trata de nosotras, ni de nuestro esposo, el matrimonio se trata de Dios. Él nos bendice con un matrimonio y día a día vamos construyéndolo, pero no somos lo principal.


El diseño de Dios para el matrimonio desde el principio fue el de mostrar su pacto de amor. El matrimonio es una clara muestra del plan de redención. De desear a nuestro amado Cristo, de mostrar el amor de Dios a seres imperfectos, el amor de Cristo por su iglesia.


Génesis 2:24 dice: “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” Jesucristo cita ese mismo versículo y añade: “Por tanto, ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe.” (Marcos 10:7-9)


El matrimonio es un pacto. En Efesios 5 se nos muestra la unión matrimonial como una imagen, un cuadro de Cristo y la iglesia. Ese amor sacrificial que Cristo muestra por su novia, ese dejar toda comodidad por rescatar a su amada, es como nuestro matrimonio debe reflejar el amor entre esposo.


Nos casamos para que ese pacto matrimonial sea la imagen del plan de redención, del amor de Cristo por su esposa.


El matrimonio es para toda la vida.

El mejor ejemplo que tenemos es a Cristo, que a pesar de todo lo que hemos vivido, la infidelidad que le hemos mostrado, el poco amor, el no desearle lo suficiente… Él sigue firme en su pacto, en su amor, en su Gracia.


Siendo nosotras hijas de Dios ¿qué ejemplo estamos dando a las futuras generaciones acerca del matrimonio? ¿Estamos firmes en ese pacto que hicimos delante de Dios? y mira, quizá podamos argumentar que nos somos compatibles, que nos equivocamos al elegir a nuestra pareja, pero en el plan de Dios, en su diseño, no nos hizo compatibles, Él nos hizo complementarios uno con el otro. Nos complementamos para conformarnos a la 
imagen de Cristo.


En nuestro matrimonio viviremos muchas cosas, frustraciones, incompatibilidades, enojos, frustraciones, dolor, tentaciones, retos, problemas, desilusiones, etc. pero todo eso nos debe recordar que vivimos con un pecador (y que somos pecadoras también), un hombre que necesita tanto de la gracia de Dios cada día al igual que nosotras. Pero, aun así, todas esas limitaciones y problemas nos ayudan a moldearnos más como Cristo para nuestra santificación eterna y por supuesto, para la Gloria de Dios.


Lo más hermoso que podemos experimentar en nuestro matrimonio es recordar que somos esa imagen, esa muestra del plan redentor de Cristo. La intención del matrimonio es mostrar el amor del pacto entre Cristo y su Pueblo.


No es cualquier cosa nuestro matrimonio, velemos por él, cuidemos de él y confiemos en nuestro Dios que nos ayudará para edificarlo y mantenerlo en pie.



En Su Gracia

K A R L A



Nuestro programa de radio tiene un nuevo nombre...
Amamos y agradecemos la Gracia de Dios, nos ha dado tanto aun cuando no lo merecemos. Por gracia de Dios fuimos hechas sus hijas, por su gracia vivimos y por su gracia terminaremos la carrera.
Somos cristianas, amamos a Dios, así que queremos que el nombre de nuestro programa refleje también la forma en que vivimos... en Su Gracia.
Les agradecemos mucho sus oraciones. ¡Dios sea glorificado! 

Recuerda que nos puedes ver en vivo cada lunes en punto de las 10:00 a.m. hora del centro de México. Da clic aquí, o en la imagen para que puedas acceder a los programas anteriores. 









miércoles, 7 de febrero de 2018

24 horas







Todos los días son una nueva oportunidad de vivir para la Gloria de Dios, cuando pienso en su misericordia diaria y en como nos sigue sustentando, imagino a nuestro Padre Celestial dándonos otra oportunidad, 24 horas más para acercarnos a Él, 24 horas más para deleitarnos en Él, 24 horas más para depender totalmente de Él.


24 horas…

Quizás no parezca mucho tiempo, de hecho, hay días en los que cómo nos gustaría que fueran de 36 horas; más tiempo para poder terminar los pendientes y esa lista “por hacer” que no más no le vemos final. Más tiempo tal vez para seguir disfrutando de un pariente lejano a quien no veremos en mucho tiempo, más tiempo para poder llegar donde un moribundo espera por nuestra presencia para poder partir.


Más tiempo…

Vías rápidas, luces fugaces en un vaivén sinigual, sonidos sigilosos que a su vez son estruendosos en nuestro corazón, momentos que pasan imperceptibles a otros y que son tan importantes en nuestro vivir.


¿Dónde estás?...

24 horas en las que vivimos, ¿cuántas respiraciones damos en ese periodo de tiempo? ¿Cuántas pulsaciones de nuestro corazón? ¿Cuántas canciones cantamos en ese tiempo? ¿Cuántas veces volteamos al cielo en 24 horas? Somos tan solo una neblina, vivimos un instante en este lado de la Gloria, y en ese breve periodo de tiempo ¿dónde estamos realmente? ¿Dónde posamos nuestra esperanza? ¿Hacia dónde miran nuestros ojos?


Días nuevos…

Llegará un momento en el que al cerrar nuestros ojos los abriremos en la presencia de nuestro Señor Jesucristo, ¡oh, qué glorioso día! Ver por fin su rostro, tocarle, escucharle audiblemente, verle sonreír… nada es comparable a Él, nada tan anhelado como su presencia, su regreso, estar en la eternidad a su lado. ¡oh mi Dios! cada día en esta tierra nos está preparando para esa eternidad.


Que nuestros días sean con una nueva visión, con una mente renovada y celestial, que esas 24 horas estemos convencidas que esta no es nuestra morada final, hay un lugar donde estaremos mejor, un lugar donde no habrá llanto ni dolor, un lugar lleno de su amor, su presencia, su calor. Que esas 24 horas sean invertidas en lo eterno, que los afanes de este mundo no nos alejen del propósito que tenemos: “Vivir para la Gloria de Dios y gozarnos en Él para siempre”.


Contigo…

24 horas contigo amado Dios, 24 horas en las que pueda vivir para ti. Cada minuto, con errores, pero con unas inmensas ganas de querer agradarte, de glorificarte en todo cuánto haga. Tú eres mi rey, reina en mi vida por siempre…


Bendice, alma mía, al Señor,
y bendiga todo mi ser su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él es el que perdona todas tus iniquidades,
el que sana todas tus enfermedades;
el que rescata de la fosa tu vida,
el que te corona de bondad y compasión;
el que colma de bienes tus años,
para que tu juventud se renueve como el águila.

El Señor hace justicia,
y juicios a favor de todos los oprimidos.
A Moisés dio a conocer sus caminos,
y a los hijos de Israel sus obras.
Compasivo y clemente es el Señor,
lento para la ira y grande en misericordia.
No contenderá con nosotros para siempre,
ni para siempre guardará su enojo.
No nos ha tratado según nuestros pecados,
ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades.
Porque como están de altos los cielos sobre la tierra,
así es de grande su misericordia para los que le temen.
Como está de lejos el oriente del occidente,
así alejó de nosotros nuestras transgresiones.
Como un padre se compadece de sus hijos,
así se compadece el Señor de los que le temen.
Porque Él sabe de qué estamos hechos,
se acuerda de que somos sólo polvo.
El hombre, como la hierba son sus días;
como la flor del campo, así florece;
cuando el viento pasa sobre ella, deja de ser,
y su lugar ya no la reconoce.
Mas la misericordia del Señor es desde la eternidad hasta la eternidad, para los que le temen,
y su justicia para los hijos de los hijos,
para los que guardan su pacto
y se acuerdan de sus preceptos para cumplirlos.

El Señor ha establecido su trono en los cielos,
y su reino domina, sobre todo.
Bendecid al Señor, vosotros sus ángeles,
poderosos en fortaleza, que ejecutáis su mandato,
obedeciendo la voz de su palabra.
Bendecid al Señor, vosotros todos sus ejércitos,
que le servís haciendo su voluntad.
Bendecid al Señor, vosotras todas sus obras,
en todos los lugares de su dominio.
Bendice, alma mía, al Señor.

Salmos 103









En Su Gracia

K A R L A 


lunes, 5 de febrero de 2018

Depresión









Muchas de nosotras hemos sufrido en algún momento o en alguna etapa de nuestra vida la terrible depresión.

Algunas la hemos vivido en secreto, otras no pudiendo guardar las lágrimas, la hemos vivido acompañadas. La depresión es terrible.


Depresión: Trastorno emocional que se caracteriza por la pérdida de la felicidad y la inmersión en un estado de abatimiento que, y dependiendo de sus causas, en algunos casos puede ser crónica y en otros, momentánea. La depresión es una enfermedad del alma.


Y por increíble que parezca, la depresión afecta a todos, en cualquier edad, no respeta estado civil, religión, afecta a pobres y a ricos, no hace distinción de personas. La depresión puede ir desde leve hasta casos más severos.


Las mujeres somos más propensas a sufrir depresión, somos más emocionales, tiene mucho que ver nuestra fase hormonal y quizás, porque somos más sensibles.
Nadie debiera padecer depresión. Sin embargo, Dios en su providencia permite o decreta que pasemos por esas aflicciones por algún propósito. Es verdad que la depresión inicia en nuestra mente porque pensamos mal o percibimos de manera incorrecta las circunstancias que nos rodean.



¿Cómo vivimos de este lado de la eternidad?
Quizás hemos estado tan absortas en nuestros pensamientos, en nuestros deseos que hemos olvidado a quien pertenecemos, nos hemos olvidado de vivir para la Gloria de Dios, y hemos olvidado también que estamos en la antesala de la eternidad, de la Gloria. Nos hemos acostumbrado tanto a vivir en este mundo que, el mirar alrededor y ver todo lo que en él hay, nos distrae de lo eterno, hemos pasado mucho tiempo viendo en horizontal que, perdimos de vista lo que realmente importa.


Sé que hay tantas cosas que nos llevan a deprimirnos, soledad, rutina, hijos desobedientes, escasez económica, pecados no confesados, adulterios, enfermedad, divorcios, muerte de alguien amado… pero todo ello pasa a segundo término cuando recordamos que vivimos para un Dios Glorioso que cuida de nosotras, que es soberano y tiene en control todo.


Cada promesa de Dios apunta a la eternidad. Si nosotras recordamos eso cada vez que la depresión asoma su nariz en nuestra vida, será más sencillo vencerla. Estamos de paso en esta tierra, nuestra vida no es más que un momento, “ciertamente somos como neblina que se aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece” (Stg. 4:14) nos estamos preparando para esa eternidad.


Nadie dijo que la vida en la tierra sería sólo felicidad, de hecho, se nos dijo exactamente lo contrario: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Jn. 16:33) Cristo nos advirtió, pero en la misma frase se nos dio la instrucción “confiad” y la promesa de que Él ha vencido al mundo.


Somos las hijas de Dios.
Herederas con Cristo.
Estamos escondidas en Él.
Le pertenecemos.
¿Por qué estar tristes sabiendo que el creador del universo es nuestro Padre y cuida de nosotras? y ¿por qué estar tristes si ese mismo Dios envió a Su Hijo en rescate por nuestra vida para poder vivir eternamente en su presencia?


Yo sé que mi redentor vive… dijo Job. (19:25)


Y mira que Job sufrió bastante. Y si lo vemos de manera terrenal, carnal, sufrió injustamente. Pero Dios nos piensa como nosotras, ni sus planes son los nuestros. Toda depresión tiene un propósito. En la vida de Job, y en tu vida y la mía también. Y es que la depresión puede ayudarnos a ver qué es lo que hay en nuestro corazón, qué es lo que estamos atesorando en él.


¿Cuál es el propósito de Dios para nosotras? Conformarnos más a la imagen de Cristo. Incluso las aflicciones nos ayudan a que el carácter de Cristo sea formado en nosotras. Romanos 8:28-29 nos recuerda que “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito. Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos.”


Si estamos convencidas de que todo es temporal, de que Dios cuida de nosotras, la depresión irá menguando. Recuerda mujer, necesitamos reconocer que estamos deprimidas, busquemos ayuda en hermanas piadosas que sepan escucharnos y sobre todo que nos ayuden en oración y en estudio de la Palabra también pues, Necesitamos el Evangelio. Necesitamos a Cristo. Le necesitamos, Él nos da una nueva identidad, sabernos aceptadas en Él y que nuestra vida está escondida en Él cambia nuestra forma de ver la vida. “Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” (Col. 3:3)


Tenemos la enorme bendición de poder leer la Biblia y estudiarle, aprovechemos esa libertad que aun tenemos y hablemos a nuestra alma las buenas nuevas de Cristo, recordemos que aunque somos pecadoras, Cristo murió por nosotras gracias al eterno amor de Dios, Él nos da la oportunidad de arrepentirnos de nuestros pecados y confiar en fe en Cristo para salvación de nuestra alma, eso cambia nuestra perspectiva al recordar que el día que muramos, abriremos nuestros ojos en presencia de nuestro Dios.
No hay nada más poderoso que el Evangelio para recordarnos que Dios tiene cuidado de nosotras porque el Evangelio es poder de Dios para salvación. (Rom. 1:16)


Amemos, atesoremos su Palabra, recordemos que es ella la que vivifica nuestra alma. “Postrada está mi alma en el polvo; vivifícame conforme a tu palabra.” (Sal. 119:25)






Hay esperanza para los corazones deprimidos, Dios está contigo, no desmayes, búscale y confía en Él y Él hará…


En Su Gracia

K A R L A



No dejes de escuchar este bello canto: 




Dios te bendiga amada hermana.



jueves, 1 de febrero de 2018

¿Cómo morimos a nosotras mismas?








“Cuando a ti se te pasa por alto o se te deja a un lado o se te considera un don nadie y eso te duele y te molesta porque es un insulto o descuido, pero tu corazón está contento sintiéndose digno de sufrir por Cristo, eso es morir a ti mismo.”


“Cuando lo que haces bien, otro lo critica, cuando tus deseos son pasados por alto, tu recomendación no cuenta y tus opiniones no son tomadas en cuenta y tú rehúsas a la ira de tu corazón y rehúsas defenderte y lo tomas de una forma callada y paciente, eso es morir a ti mismo.”


“Cuando tú amorosamente y pacientemente soportas cualquier irregularidad o molestia y cuando puedes enfrentarte cara a cara con la extravagancia; los excesos; la insensibilidad espiritual y lo soportas como Cristo soportó, eso es morir a ti mismo.”


“Cuando estás contento con cualquier comida; cualquier ofrenda; cualquier clima; en cualquier sociedad, con cualquier actitud; con cualquier interrupción por la voluntad de Dios, eso es morir a ti mismo.”


“Cuando nunca estás interesado en referirte a ti mismo en cualquier conversación, o guardar un record de tus propias buenas obras, ni te inflas después de que se te alague y cuando tu amas permanecer como un desconocido, eso es morir a ti mismo.”


“Cuando tu puedes ver a tu hermano prosperar y ver sus necesidades llenas y verdaderamente regocijarte con él en espíritu y no sentir envidia o querer cuestionar a Dios, mientras que tus propias necesidades son mayores y en peores circunstancias, eso es morir a ti mismo.”


“Cuando tú puedes recibir corrección de uno que es menor que tú y puedes someterte interiormente y exteriormente sin encontrar rebelión o resentimiento dentro de tu corazón, eso es morir a ti mismo.”

Autor desconocido.






En Su Gracia

K A R L A




Gracias a Dios se nos ha dado la oportunidad de compartir temas que te interesan a ti y a mi desde una perspectiva bíblica, todos los lunes en vivo a través de Sabersinfin.com, no olvides sintonizarnos en punto de las 10:00 a.m.

Damos gracias al Señor por su Bondad y por permitirnos hablar de su Palabra en radio y por internet en su programa Caminemos Juntas. Si te perdiste el programa de esta semana, puedes verlo o escucharlo en las diferentes plataformas en las que está disponible.

Solo da clic aquí o para que puedas ver todos los programas o bien, te comparto el video de esta semana directo en Facebook.







¡Muchas gracias!




viernes, 26 de enero de 2018

Gratitud {Juan 1:17}








Pues la ley por medio de Moisés fue dada,
pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
Juan 1:17


Qué bendición poder empezar el año dando gracias a Dios.

Algunas aprendimos a hacerlo de manera más constante y más enfocadas. Dios ha sido muy bueno con nosotras, nos ha dado tanto que no podríamos estar un día sin dar gracias porque diariamente cuida de nosotras.


El día de hoy quiero terminar estos pequeños devocionales de Gratitud, dando gracias a nuestro amado Padre eterno por la Gracia que nos ha dado por medio de Cristo.


Gracia viene de la palabra griega charis que significa: bendición, favor o bondad.  Cada una de nosotras podemos dar gracia a otros, pero cuando se habla de la gracia de Dios adquiere un significado por así decirlo más potente.


¿Cómo podemos entender la Gracia? La gracia de Dios es que nuestro amado Padre nos ha bendecido en lugar de maldecirnos, ha decidido darnos lo que no merecemos. Y en este caso hablamos específicamente de la salvación y lo que viene con ella: Su perdón, reconciliación, una vida abundante en él, el dulce Espíritu Santo, el poder acercarnos a Él.


Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros,
pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

Efesios 2:8-9


Gracias a Dios por su misericordia que ha detenido el castigo a nuestras rebeliones y pecado, y gracias por Su Gracia que nos ha dado la libertad, la vida eterna en Cristo Jesús. No lo merecíamos, pero por el puro afecto de su voluntad nos eligió para ser hijas suyas.


Gracias a Dios porque es justo, porque los pecados que hemos cometido ya han sido perdonados en Cristo Jesús, el recibió el castigo que nosotras merecíamos. ¡Dios eres bueno! Gracias Padre porque he recibido más de lo que pudiera siquiera imaginar, gracias por la vida eterna a tu lado, gracias Señor porque me amaste y me elegiste para ser tu hija. Quiero vivir para tu gloria y para gozarme plenamente en ti toda la vida en Cristo Jesús, amén.


Diario de Gratitud.

Escribe una oración de gratitud a Dios por su Gracia para contigo, ora, desborda tu corazón a Él y que Dios te bendiga mujer.


Mil gracias por acompañarme estas semanas a dar gracias a nuestro Padre Dios. Nos leemos la siguiente semana, si Dios quiere. ¡Te mando un abrazo!








En Su Gracia.

K A R L A



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